VIVIENDO CON EL ENEMIGO (3era y última parte)

Los mapas forestales de 1995 y 2014 fueron elaborados con apoyo de la cooperación alemana para el desarrollo. En el primero, se proyectaba que el manejo de todos los bosques para el 2000 sería “profesional, con planes de manejo, con cortas comerciales en las áreas intervenidas”, de tal modo que para “el 2015 la totalidad de la superficie de los bosques será manejada y garantizada”. Lamentablemente, cuando se hizo el segundo mapa, los planes de manejo no llegaban siquiera al 50% de la extensión de la cobertura boscosa de coníferas.

Por ello no es de extrañar que la plaga del gorgojo produjera tanto perjuicio. Desde 1995, se identificaban las plagas como uno de los principales desafíos para el manejo y protección de los bosques; los rodales de Pinus oocarpa (ocote) y el Pinus caribaea -presentes en el país- eran los más susceptibles, debido a su alta densidad, su debilitamiento por el fuego (incendios) y su ubicación en suelos pobres, entre otros factores. Las sequías extremas e inundaciones, aumentaban la probabilidad de la plaga. A pesar de todo este conocimiento técnico, poco o casi nada se hizo para prevenir el estrago.

No recuerdo que en la escuela o colegio me hayan enseñado los peligros que acechan a los bosques de pino. Si recuerdo que en la escuela primaria nos llevaron a sembrar varios a una zona montañosa cercana a la capital. Era una campaña de reforestación impulsada por la Corporación Hondureña de Desarrollo Forestal (COHDEFOR), que invitaba a proteger los bosques. La buena obra, no obstante, fue insuficiente. Nunca volvimos a aquel lugar: no sabemos si los pinitos sobrevivieron a nuestras inexpertas manos. Desconocemos si crecieron, si después fueron cortados, quemados o cuidados por la comunidad. Fuimos a “reforestar”, pero nada más.

Al igual que las enfermedades transmitidas por mosquitos, los efectos de la criminalidad y de la corrupción, hoy vemos las consecuencias devastadoras en el bosque nacional producidas por la ignorancia, la indolencia y la negligencia. No basta con limpiar los depósitos de agua y patios a la gente, recuperar espacios públicos perdidos, o expropiar bienes mal habidos, por citar ejemplos: la prevención de los problemas que nos amenazan debe ser práctica habitual y normal en espacios familiares, escolares y comunitarios, promovida gubernamentalmente y asumida por una ciudadanía activa.

La destrucción de buena parte de nuestros bosques ha tenido un efecto movilizador extraordinario. Enhorabuena. Se necesita plantar 13.2 millones de árboles en las zonas más afectadas. ¿Sembraremos variedades resistentes de pino u otros árboles? ¿Cómo se coordinarán y sostendrán las acciones de autoridades y participación de la comunidad?

Cada pueblo reacciona de maneras diferentes ante los problemas que lo aquejan: se lamenta de su suerte o los enfrenta, proactiva y solidariamente. Hemos vivido todo este tiempo al lado del enemigo, ese mismo que nos devuelve la mirada desde el espejo. En el caso del bosque, nunca fue el gorgojo. Hoy lo sabemos bien.

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Por Miguel A. Cálix Martinez

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Hoy sé que, además de las plagas, los pinos corren peligro