VIVIENDO CON EL ENEMIGO (2da parte)

“Viva el Pino por siempre en la tierra/ Que benigna la vida nos dio, / Y por siempre se muestra imponente/ A los besos radiantes del sol. / Viva el pino color de esmeralda / Con su suave y melifluo rumor, / Que después de arrullar nuestra cuna / Con amor nuestra infancia arrulló”.

Así reza el coro del “Himno al pino”, escrito por Luis Andrés Zúniga y musicalizado por Rafael Coello Ramos. Para un hondureño no es nada extraño que el pino haya logrado en 1928 el mismo trato que se dispensó a los héroes del panteón nacional. Tampoco lo es que tres ejemplares se ubiquen en el lado izquierdo del escudo oficial establecido en 1935. Quienquiera que conozca el país sabe que una de las características más notables del territorio hondureño es su cobertura forestal, destacando en ella las esbeltas y verdes coníferas.

Honduras es un país boscoso. Estudios de los sesenta del siglo pasado para elaborar un mapa forestal, llevados a cabo por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), lograron determinar que al menos un 63% del suelo nacional estaba cubierto por bosques. Una nueva medición treinta años después (mapa forestal base, 1995), mostró que la cobertura se había reducido a 53% del territorio, con un 36% del total (más de un tercio) compuesto por pinos y el 58% por bosque latifoliado. Para 2014, un nuevo mapa -mucho más preciso- mostró que los bosques ocupaban el 48% del espacio nacional (conservándose los porcentajes de especies), cubriendo el pino un 17.4% del territorio (casi dos millones de hectáreas -1.960 millones Ha.). Si bien el recurso natural seguía siendo vasto, era evidente que se estaba menoscabando el motivo de inspiración patriótica de antiguos bardos y gobernantes.

Cuando se hizo el mapa forestal de 1995, se destacaban como desafíos para su manejo y protección los incendios forestales, los descombros, roza y quema por susbistencia, las plagas. Entonces, los planes de manejo establecidos ya mostraban su insuficiencia y se hacía ver la necesidad e importancia de una política o estrategia de desarrollo que facilitara un mayor aporte del recurso al proceso de desarrollo socioeconómico del país. (Diaz y Herrera. Situación del recurso forestal de Honduras). Para 2014, solo un 46% del pino se encontraba bajo planes de manejo (Mapa Forestal y de Cobertura de la Tierra de Honduras, 2014).

Cuando los extensos paisajes cubiertos de pino comenzaron a mostrar los efectos más graves de la plaga, el gorgojo había afectado más de 400 mil hectáreas (más de la quinta parte de los bosques de coníferas). Si bien se ha justificado esta grave propagación como un efecto indeseado de la prolongada sequía, consecuencia a su vez del cambio climático global, llama profundamente la atención cómo una amenaza tan grave para la supervivencia de un ser tan simbólico y querido en el imaginario popular (se trata del árbol nacional), generara una reacción tardía del ciudadano común, las comunidades afectadas y de las autoridades responsables de prevenir y contrarrestarla. ¿Indolencia, ignorancia, negligencia? (continuará)

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Por Miguel A. Cálix Martinez