Por Luz Ernestina Mejía
Con su segundo informe, la Maccih nos devuelve la perspectiva. La de que cumpla con los objetivos que la originaron, los de sacudirnos los corruptos y disuadir a otros potenciales. Porque no hemos podido hacerlo solos. Y nos apena, por eso lo agradecemos. Y también por ello es que somos tan exigentes. Quisiéramos que los resultados fueran inmediatos.
Porque la corrupción no se ha detenido hasta ahora. Consideramos la Maccih casi una tabla de salvación. La percepción de su cercanía con el stablishment puede ser errada. La Maccih camina sobre vidrios, unos del gobierno y otros de sectores en supuesta oposición, exponentes de acuciosa corrupción en el momento en que fueron gobierno.
El signo ideológico contrapuesto no ha sido óbice para que ambos sectores sean semejantes en sus corruptelas. Y de otros, que usufructuado el Estado en diferentes gobiernos, por otras vías, astutamente han logrado ser identificados por la comunidad internacional, como “neutrales” o en supuesta oposición. Pero su sentido patrimonial, personal de la cosa pública, es similar al de aquellos. Crece alguna confianza en que la Maccih enfrentará los retos planteados. Ya nos atrevemos a atisbar el éxito necesario.
Si logra mantenerse independiente no solo de los poderes políticos y fácticos que determinan el acontecer nacional, incluidas la corrupción y la impunidad. Si no también de esos otros, los más “vivos”, quienes han acrecido su influencia, a veces, a pura desinformación.
Lo importante es que no se dejen deslumbrar por los oropeles del poder político ni tampoco por ese sector de la sociedad civil que vive de creer y hacer creer, especialmente a las fuentes de financiamiento de la cooperación internacional, que son los únicos honrados en Honduras. Y no lo son.
haga su trabajo. Que sea impermeable a las influencias distorsionantes de esos pocos, pero efectivos corruptos, dentro y fuera del gobierno. Veremos.