El 6 de agosto de 1945, la ciudad de Hiroshima sufrió el impacto de la bomba atómica “Little Boy”, lanzada a las 08:15 de la mañana desde el bombardero estadounidense B-29, Enola Gay. Tres días después, Estados Unidos lanzó una segunda bomba nuclear sobre la ciudad de Nagasaki, que causó la muerte a 74.000 personas.
Los historiadores se dividen en dos argumentos sobre el uso de las bombas: 1) era necesario para evitar la invasión y precipitar la capitulación de Japón; 2) no tenía nada que ver con la rendición del emperador Hirohito, sino con geopolítica y el creciente enfrentamiento con la Unión Soviética.
Con motivo de la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno del G-7, Barack Obama aprovechó su presencia en Japón para realizar la primera visita de un presidente estadounidense en funciones, a la primera ciudad que sufrió un ataque nuclear y el infausto registro de 140,000 muertos, entre hombres, mujeres, y niños.
Shigeaki Mori tenía ocho años en el momento de la explosión, estaba cruzando un puente cuando cayó al río, esa circunstancia le protegió del calor extremo y le salvó la vida. Como superviviente del bombardeo nuclear, asistió invitado por la Casa Blanca a la ceremonia en el Parque Memorial de la Paz.
Antes de pronunciar su discurso, el presidente Obama depositó una corona de flores en homenaje a las víctimas ante el cenotafio donde reza la inscripción “descansen en paz, no permitiremos que esto vuelva a ocurrir”. El primer ministro japonés, Shinzo Abe, hizo lo propio en medio de un completo silencio.
El presidente estadounidense había adelantado que no pediría disculpas. Cuando hizo uso de la palabra inició diciendo: “En una mañana clara y sin nubes, la muerte cayó del cielo y el mundo cambió”. El primer ministro Abe, fue contundente al decir: “nunca deberá repetirse lo que sucedió en Hiroshima y Nagasaki”.
En el Museo Memorial de la Paz, Obama escribió en el libro de visitantes distinguidos: “Hemos conocido la agonía de la guerra. Vamos a encontrar ahora el coraje, juntos, para difundir la paz, y buscar un mundo sin armas nucleares”. Richard Nixon había visitado Hiroshima antes de convertirse en presidente (1964), y Jimmy Carter como expresidente (1984).
Durante su discurso, Obama abogó por “mirar a los ojos de la historia”. Al finalizar la ceremonia solemne, se acercó a un hombre de edad avanzada en traje gris, “El presidente hizo el gesto de irme a abrazar, así que nos abrazamos”, el señor Shigeaki Mori no pudo contener las lágrimas, y en cada una el llanto de la humanidad.
La imagen transmitió la historia, el dolor, y la esperanza, todo en un solo abrazo en Hiroshima.
*Máster en Relaciones Internacionales y en Estudios Asiáticos
Graco Pérez
