Si alguien tiene una gallina que pone huevos de oro, sería poco inteligente matarla (como ocurre en el popular cuento infantil). Pues eso es justamente lo que está pasando con el fútbol de Honduras, el cual, en lugar de cuidarlo, está siendo asesinado lentamente por acción u omisión.
Y no solo es un sector el que está acabando con él, sino que son varios los que siguen haciendo todo lo posible (voluntaria o involuntariamente) para que el fútbol de Honduras pase a ser una ‘especie en peligro de extinción’.
Como ejemplo de lo anterior basta con revisar lo ocurrido el jueves en Comayagua, donde la paz de un partido normal, con afición de solo un equipo, fue alterada por gases lacrimógenos que pudieron haber causado una tragedia que le hubiese dado la vuelta al mundo.
Las imágenes de la televisión muestran claramente cómo dos de las al menos tres bombas lacrimógenas son tiradas por la Polícia Nacional, sin que existiera una aparente razón de peso para hacerlo.
En el juego contra Juticalpa solo había afición de Motagua y, encima, la televisión no mostró peleas en las gradas. Como contraparte, los protocolos de seguridad indican que en grandes concentraciones de personas, no es prudente tirar gases lacrimógenos como disuasivo, ya que las consecuencias puede generar una catástrofe debido a la asfixia y las estampidas, que pueden causar muchas muertes por aplastamiento.
La Policía, por su parte, se defiende asegurando que en ese momento era la única medida para conservar el orden en el estadio.
Un alto jefe policial involucrado en el operativo de seguridad del Motagua-Juticalpa, quien pidió no revelar su nombre, defendió a sus subalternos al manifestar que se lanzaron gases lacrimógenos debido a una pelea entre miembros de la barra de Motagua, quienes, dicho sea de paso, estaban encendiendo fuegos artificiales aún a sabiendas que están prohibidos en los estadios de fútbol.
Y ya entrando en la repartición de responsabilidades por este y otros hechos similares, encontraremos siempre a la Policía Nacional, la cual no está entrenada para controlar espectáculos masivos si no es con lacrimógenas.
No obstante no es la única responsable. El principal problema y el más grave son las barras, las que cada semana siembran el terror en los diferentes estadios del país. Grupos de jóvenes que han dejado el fútbol de lado para dar rienda suelta a su sed de sangre, sin importar que esto conlleve a la muerte de alguien.
También están algunas directivas de clubes, que financian a las barras y las apoyan logísticamente a cambio de apoyo en las gradas porque les tienen miedo. Por último están los directivos de Liga Nacional, quienes no tienen el valor suficiente para iniciar una lucha de cero tolerancia contra los violentos.
Ojo, acá no se trata de encontrar un solo culpable, sino de repartir responsabilidades y que cada uno haga bien la parte que le corresponde, porque si se acaba el fútbol se muere una parte importante del alma de este país, que obtiene su sustento cada fin de semana en las gradas de los estadios donde se practica el fútbol, pasión de las multitudes.