¿Posible corrupción en la Maccih?

¿Posible corrupción en la Maccih?. 

Por Carlos López Contreras
Ex Canciller de la República

Considero una necesidad purgar el convenio de la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (Maccih) de los vicios que lo vuelven nulo, tanto desde el punto de vista del derecho interno como del internacional.

No se trata de un trabajo difícil, pues bastaría con un intercambio de notas diplomáticas o la suscripción de un addendum, mediante el cual las partes declaran nulos y sin ningún valor las disposiciones del convenio que lesionan la soberanía del Estado y contravienen el derecho internacional. Una vez hecho eso, continuar con la labor de la Maccih, en el marco del respeto del derecho hondureño y con la discreción debida.

Mantengo mis reservas sobre las bondades de la función del actual titular de la Secretaría General de la OEA, como lo expresé en mi artículo reciente “Cochebomba y la Maccih”, donde expresaba que si no se rectifica, la Maccih se convertirá no ya en una pistola en la cabeza del Estado, sino que en un cochebomba que amenaza destruir la poca credibilidad que le queda al actual titular de la Secretaría General de la OEA…

Cuando escribí ese artículo desde el extranjero, no tenía el más mínimo indicio del advenimiento de una crisis en la Maccih y en la Secretaría General de la OEA. Una crisis de tal entidad que su vocero renunciante insinúa que el tema de la corrupción se ha infiltrado en la Maccih.

Esa revelación, con toda la secuela de comentarios a que ha dado lugar y las implicaciones sobre los cooperantes internacionales, deja como un cohetillo el estallido del cochebomba, porque sugiere emprender una depuración y, si se fuerza el pensamiento, hasta una política limpia en el manejo de la Maccih.

Y es que los pueblo y los gobiernos no deben convertir en un artículo de fe la presunta honestidad de las organizaciones internacionales y las personas que las administran.

Allí también se manejan pasiones humanas, decisiones adoptadas con mucha frecuencia por políticos que ya agotaron su dinámica en sus países de origen y buscan mantener su protagonismo por medio de instituciones de ámbito internacional.

No quiero con estas apreciaciones frustrar las esperanzas del pueblo hondureño en lograr gobiernos y administraciones cada vez más transparentes que prevengan, persigan y sancionen la corrupción.

Pero hay que recordar que en el mismo seno de las Naciones Unidas se han producido manifestaciones de corrupción, como en el 2004 se denunció (BBC), el tráfico de petróleo iraquí por alimentos y medicinas, o en la misma banca del Vaticano.

Y la OEA no ha estado ajena a la corrupción, o cuestionada su administración. Recuérdense los secretarios generales que han tenido que abandonar sus cargos por estas causas, denunciadas con gran despliegue o calladamente, según el clima político prevaleciente.

Y es que el problema de la corrupción es una dimensión de las más censurables de la humanidad. Basta con lanzar una mirada casi indiferente en el Continente Americano, y nos daremos cuenta cómo la corrupción ha golpeado indistintamente a los países, sus pueblos y gobiernos, sean estos de derecha o de izquierda, ricos o pobres.

La diferencia es que cuando son muy ricos, la corrupción alcanza dimensiones planetarias. Ha habido una sola empresa que ha salpicado de corrupción prácticamente a todo el continente y ha estado a punto de producir la caída de algún gobierno. Por eso se debe tener mucho cuidado al proponer expresidentes para desempeñar funciones de combate a la corrupción.

Con toda la repulsa que provoca la corrupción y consciente de la necesidad de que la Maccih opere con eficacia en Honduras, respetando el derecho hondureño, conviene recordar que somos un país que ha suscrito y está practicando una serie de iniciativas internacionales de transparencia para prevenir la corrupción.

Piénsese que estamos por finalizar el Tercer Plan de Acción del Gobierno Abierto, en el que participan y ejercen un gran liderazgo la sociedad civil, la academia y representantes de la juventud universitaria, además de las instituciones de gobierno.

Es una sana política del Estado intensificar su participación en las iniciativas de transparencia con fines de prevención de la corrupción, porque en el proceso se está vacunando al país contra ese flagelo para nuestra realidad y para cuando llegue la bonanza a Honduras con una economía emergente, de pleno empleo y estable.

Para que esto tenga efectividad, la Maccih como componente que acompaña y asesora al Estado de Honduras, debe intensificar su acción contra la corrupción y la impunidad, así como contra el crimen organizado y el terrorismo, con los cuales directa o indirectamente suele estar vinculada.

Ha sido con ese fin que se ha sometido a la consideración del gobierno la Ley Modelo de colaboración eficaz y se están nombrando fiscales internacionales que puedan tener el conocimiento y experiencia para identificar y congelar en una acción internacional el tráfico de activos de las estructuras criminales que pretenden poner y quitar gobiernos.

La cooperación internacional es bienvenida para robustecer la lucha contra la corrupción, pero la responsabilidad última en derrotarla corrupción es nuestra.