El 11 de junio de 1994, después de abusos, violaciones a derechos fundamentales y participación en hechos criminales, fue clausurada la Dirección Nacional de Investigaciones (DNI), órgano responsable de la investigación de los delitos en la antigua Fuerza de Seguridad Pública de las Fuerzas Armadas de Honduras. Fue hasta siete meses después del cierre de la ominosa entidad que recién empezó a operar la Dirección de Investigación Criminal (DIC). Era el 23 de enero de 1995 y el nuevo cuerpo estaría fuera de la tutela militar, funcionando legalmente y en la práctica bajo la jurisdicción del recientemente creado Ministerio Público.
La medida fue bien recibida y el júbilo pronto hizo olvidar que durante los siete meses que mediaron entre el cierre de la antigua policía de investigación y la nueva entidad responsable de aportar medios probatorios a los fiscales, estuvimos sin policía de investigación en el país. No había ya DNI, ni existía la DIC, por lo que vivimos una suerte de limbo en la materia.
Algo parecido ocurrió en 2008 cuando una sentencia de la Corte Suprema de Justicia eliminó -por añadidura- la figura de la Vicepresidencia de la República, trabajosamente incluida en una sesuda reforma política de principios del nuevo milenio. Entre esa decisión y la toma de posesión de la administración 2010-2014, el país no tuvo sustituto legal de la figura presidencial, aunque la administración se las arregló para crear una salida poco ortodoxa al inusual vacío.
En ambos casos, distintos en sus alcances y efectos, las respuestas a la ausencia tuvieron un denominador común: no se experimentó “horror vacui” (miedo al vacío) alguno. Con frescura, en el primer caso se “aceptó” la desaparición de la institucionalidad investigadora, como un mal menor (por cierto, en un país en el que el crimen nunca duerme); en el segundo caso, se nombró a un alto funcionario de confianza para hacer las veces de “Designado vicepresidencial”, cargo inédito en la historia nacional y omiso en el organigrama estatal.
La expresión latina horror vacui se ha empleado con frecuencia en el arte y en la cartografía. Se caracteriza por rellenar todo espacio vacío con algún diseño o imagen y puede apreciarse en la decoración islámica, en la estética del barroco y el rococó; también se suele explicar con ella la tendencia a incluir lugares fantásticos en los sitios desconocidos que no sabían cómo representarse en los mapas y libros (es el caso de El Dorado, en las cartas geográficas del nuevo mundo).
Con la decisión de suprimir la Ley del Consejo de la Judicatura que tomó en las últimas semanas la nueva Corte Suprema de Justicia, si bien no se elimina ese órgano establecido constitucionalmente, sí se restablece el arbitrio individual del titular de ese poder para administrar sus recursos humanos; esta alternativa no es mejor que los desaguisados de los ahora exconsejeros y nos recuerda el porqué de la sabia intención de separar esa función de juzgar, de esa otra -también importante- el administrar.
Pareciera que no hay miedo alguno al vacío. O quizás sí… y el relleno seleccionado se explica solo.
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Por Miguel A Cálix Martínez
