La libertad de expresión es un derecho inherente a la existencia humana, todos los matices para coartarla son espurios; naturalmente tiene sus límites: no puedo insultar, difamar, o mentir irresponsablemente, porque se afecta a nuestros congéneres. Y, si aún así lo hago, tendré consecuencias.
Encuentro difícil entender el derecho que se abrogan aquellos que hacen tomas de vías o carreteras «en forma pacífica». Aunque sea comprensible su «indignación» por la situación económica del país o motivación política, no sé de dónde habrá surgido el concepto de “poder limitar el paso del resto de la ciudadanía en forma pacífica, porque constituye un derecho ciudadano de libertad de expresión, a protestar.”
En alguna materia universitaria aprendimos el concepto de la libertad negativa; o sea, para convivir tenemos necesariamente que aplicar reglas. El estado formula las leyes. Tenemos el derecho irrenunciable a nuestro individualismo; pese a ello, el derecho colectivo debe también respetarse. Si llego a una intersección y el semáforo está en rojo, debo detener mi vehículo. Todos lo sabemos, es elemental.
Impedir el derecho a la movilidad es tan irracional cómo detener la libre expresión; es una agresión al derecho individual de la movilización, de tal forma que no se debe permitir. El derecho de las mayorías no debe ser limitado en ninguna forma. ¿De dónde ha surgido la creencia entonces que puedo, pacíficamente, interrumpir el tráfico sin importar la forma en que afecte a los demás?.
Mientras no me lo explique algún iluminati, seguiré opinando que es “violencia pacífica”…pero, en fin, violencia
@AbelGarciaBoni1