LAS REGLAS DEL JUEGO (3era y última parte)

En la “tradición” legislativa hondureña, el madrugón ocupa un cimero capítulo. Después de las doce de la noche y con la venía de las mayorías de turno durante los últimos treinta años, se han aprobado presupuestos y medidas impositivas impopulares, contratos opacos, decretos controvertidos y promesas de ley a varios altos cargos del Estado. El escamoteo implícito ha evitado que titulares incómodos lleguen a tiempo a prensas y aparezcan en primera plana en la edición matutina, para desazón de los desvelados periodistas que cubren la fuente política, pero para buena fortuna de la representación popular que ha actuado al amparo de la oscuridad. De ahí que no sea extraño acudir a este procedimiento de excepción cuando el ambiente luce más favorable a la protesta colectiva, a la insurrección de la oposición o a la censura generalizada, y menos a la concreción de complejas y desgastantes negociaciones con el o los bandos contrarios.

Para causar sorpresa (y a veces espanto), no solo funcionan las más tempranas: las horas vespertinas han sido pródigas en episodios para los libros de Historia. Fue al final de una tarde que se intentó convertir el Congreso en Asamblea Constituyente en 1985, del mismo modo que en 2009 se tramitaron en el pleno los aspectos meramente formales de un “traspaso de banda presidencial” in absentia (con algunos personajes en común, vale decir). Provistos de inexcusable memoria corta, algunos corresponsales de la acción parlamentaria, se apresuraron a llamar inéditos estos acontecimientos noticiosos, haciendo caso omiso de la tormentosa historia del país. Así lo hicieron recientemente (en 2012) cuando desde el Legislativo se destituyó a magistrados de la Sala Constitucional, olvidándose del grave incidente de 1985 en que el Congreso hizo algo similar con cinco magistrados de la Corte Suprema de entonces, aunque con menos éxito a decir verdad (los nombrados fueron a dar temporalmente a la cárcel). Bien dicen por ahí que la Historia jamás se repite, solo se caricaturiza a sí misma.

Quienes se escandalizaron por la afanosa jornada legislativa de principios de enero 2014 (en que se aprobaron más de centena y media de decretos, ratificaciones, reformas, derogatorias, contratos y reparto de cargos, entre otras) olvidaron que ya en viejas elecciones de fiscales, magistrados de corte y funcionarios electorales de las últimas tres décadas, se consolidó esa gran y conveniente regla para superar lagunas constitucionales que reza: “aquello que la Constitución no prohíbe, lo permite” (aunque la Sala de lo Constitucional no esté de acuerdo).

Podríamos llenar páginas tras páginas de estos peculiares modus operandi de la cámara, que incluyen originales mecanismos de votación y fórmulas de debate, pródigas y afanosas comisiones especiales o de estilo (que no solo corrigen forma sino fondo de los textos) y hasta complejas regulaciones que llenan los vacíos constitucionales que la regla anterior no suple, pero ya dedicaremos otro momento a ello.
Por lo pronto, recuerde: en caso de duda sobre cualquier regla del juego “Aquí, así es”.

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Por Miguel A. Cálix Martínez