Estamos debatiendo en Honduras la legalización del aborto, y pregunto: ¿Saben ustedes que actualmente mueren en un año más niños abortados de forma criminal, que todos los muertos habidos en las dos guerras mundiales que se dieron en el siglo XX? Este horrendo genocidio infantil es una de las vergüenzas más grandes del mundo moderno, y todo por dar lugar a unos principios llamados “derechos de la mujer sobre su cuerpo”, el cual anula otro derecho sagrado como es “el de la vida”.
El aborto puede ser natural o espontáneo, cuando por causas biológicas, y sin desearlo, la madre pierde a su hijo. Tal situación, al ser involuntaria, se cataloga natural, pues no se usó ningún método externo para provocarlo, sino que fue el producto de una causa fisiológica. Después tenemos el aborto inducido o criminal, practicado terapéuticamente, el cual es un crimen porque interrumpe la maternidad, apelando al método destructivo de la criatura en los primeros meses de embarazo. Tanto la madre, como el médico que ejecutan el hecho, cometen un atentado cruento contra el mandamiento que dice “NO MATARÁS” o en versión original “NO ASESINARÁS”.
Para justificar tal acción se emplea la excusa de que la mujer tiene derecho sobre su cuerpo, y aunque pueden haber hechos muy puntuales que lo puedan respaldar, en la mayoría de los casos tal acción legal no tiene justificación. Se trata de esgrimir varios argumentos para legalizarlo jurídicamente, tales como: “un embarazo no deseado”, “el no desear ser madre soltera”, “la falta de capacidad para ser madre”, “la vergüenza de una fornicación y el rechazo familiar o social”, “la justificación de haber sido violada”, etc. Estas son algunas de las excusas para establecer esta legislación. Ya es común que en muchos países, la puerta está abierta para la ejecución del aborto indiscriminado, según el capricho de la madre, sin existir para ello una causa lógica.
El respeto a la vida nos lleva a condenar el aborto desde una perspectiva ética y teológica. Actualmente el 98% de las iglesias evangélicas estamos en un mismo sentir al respecto. Creemos que la vida es un don de Dios, y la maternidad un regalo maravilloso que debemos respetar (Salmo 139:13-16). La Iglesia Evangélica, por regla general, ha presentado una actitud combativa frente a las nuevas leyes liberales que tratan de justificar y legalizar lo incorrecto, para ello tenemos un rotundo ¡NO!, al aborto.
Sin embargo, existe una discrepancia teológica respecto al uso del aborto clínico en dos situaciones de excepción, como son:
1°- Por cualquier situación de peligro en la madre, o que haya una deformación fetal. En tal caso, se deja al matrimonio en libertad para tomar una decisión, no considerándose condenable tal aborto en situaciones como estas, siempre y cuando existan pruebas tangibles de ello.
2°- En caso de violación sexual, siempre y cuando la violación haya sido ejecutada por la fuerza, y reportada inmediatamente de su ejecución, por lo que se actuará de forma inmediata, usando los procedimientos clínicos que eviten el embarazo. Esto nos debe llevar a buscar otras opciones cuando la denuncia es tardía y la cual no debe ser abortiva, como dar el niño en adopción, etc. En estos casos señalados debemos dejar el asunto a conciencia de las personas afectadas. Existe el peligro de tomar la violación como excusa, para justificar el crimen, y debemos tomar en cuenta que, de no denunciarse inmediatamente una violación, no se podrá justificar el aborto posterior, objetándose el tal “supuesto”. Es común usar excusas falsas para justificar indiscriminadamente un aborto, tal hecho es un acto premeditado.
Debemos definir claramente qué es “violación sexual”, y en estos dos puntos no podemos ser dogmáticos. Aquí quizás nos diferenciamos un poco de la posición conservadora de la Iglesia Católica, pero siempre mantenemos el concepto del peligro al dejar una puerta abierta, para que se usen falsos argumentos que justifiquen un crimen. De manera que una ley liberal en el plano del aborto sería un crimen, y por lo tanto, los que lo aprueben atentan contra lo ordenado por Dios porque “LA VIDA ES SAGRADA”, y nadie tiene derecho a quitarla por ninguna razón.
