DIÁLOGO

Escuchando al embajador J.Biehl, me logré aclarar mejor lo que sucede en nuestra sociedad. Indudablemente, ese Diálogo es indispensable para la sanidad mental de nuestra ciudadanía.

Diálogo presupone: un conflicto o problema a resolver; luego, requiere de dos o más interlocutores; Y, finalmente, que los involucrados tengan la honesta intención de llegar a una solución, aún teniendo que ceder en sus posiciones iníciales, sólo así se puede lograr una conclusión positiva para todos los involucrados.

Por el momento hay dos movimientos sociales, el primero, un grupo que reclama contra la corrupción y la impunidad, el segundo, el de un hombre y su grupo que reclaman venganza política por haber sido destronados del poder en 2009. Este segundo grupo, al ver la fuerza reciente de los primeros, decide adueñarse de su movimiento no político,  y aparentemente no lo ha logrado.

En el fondo la intención de los primeros es legítima; quieren orden y justicia.

El segundo grupo es totalmente político, clama revancha, el ofendido ex mandatario quiere la cabeza del actual presidente en venganza.

A  quien, sinceramente, no entendemos es al auto denominado abanderado anticorrupción,  porque tampoco quiere dialogo; un enfoque honesto en él, sería estar dispuesto a resolver los problemas que lo obsesionan sin desechar a todos los que no piensan como él. Su posición es incongruente, lástima, parecía ser inteligente.

Lo que no cabe en este dialogo son las posiciones ambiguas: a favor o en contra de Honduras. Ahora según la prensa escrita este personaje quiere otro acuerdo como el de Cartagena. Una incongruencia total.

Si lo vemos fríamente ambos movimientos debieran ser diametralmente opuestos.

Es más, resulta obvio que el primer grupo tiene interlocutores; el segundo no los tiene, por ello rehúsa a dialogar, la corrupción, la impunidad y la justicia no les interesan porque tienen pecados y deudas pendientes con la sociedad, su única vía de escape sería alcanzar el poder; ante esa imposibilidad, se dedica a crear caos.

¿Cómo puede el ex mandatario que traicionó a su propio partido al firmar el Acuerdo de Cartagena, esperar que la mayoría de la sociedad le tenga confianza?…¡insólito!.

Aunque su postura personal es entendible, la posición de sus seguidores no tanto, algunos pueden haber sido ofendidos, otros tal vez quieren protagonismo.

Por su lado el ejecutivo ante el legitimo clamor popular contra la corrupción e impunidad ha respondido proponiendo un mecanismo de dialogo con la ayuda de la OEA y la ONU  para llegar a una definición clara de nuestro sistema judicial en la aplicación de las leyes y la justicia, de tal suerte que logre generar la confianza que los sectores de la sociedad demandamos de los diferentes poderes del estado.

Me ha quedado claro que el dialogo planteado, serio y bien intencionado, es necesario para la salud mental y la justicia social del Pueblo Hondureño y beneficiará aún a quienes  ahora pretenden empañar el proceso.

Tegucigalpa, 17 de septiembre 2015.

@AbelGarciaBoni1