Que desafío inmenso el de los nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia: Demostrar en forma contundente que no es por confiables de poderes facticos y políticos sectarios que han sido electos. Aprovechar el beneficio de la duda.
Que aunque la mayoría han sido honorables y con credenciales académicas, deberán continuar siéndolo y aplicar con ética, los conocimientos que los avalan. De la Corte saliente, todos entraron con retos similares, pero unos salen honrando a sus familias y a sus partidos y otros con pena y sin gloria. Pero lo peor, señalados como hijos desnaturalizados de la Patria. Los nuevos deben tener claro que impartir justicia con los ojos vendados no les será fácil.
Que los cantos de sirenas hoy pueden ser más dulces y llevarlos al despeñadero. Pueden salir un día, con la frente en alto. Excepto cuando si como otros, se agachan ante los caprichos de alguno de los neo caudillos que han hecho esta desgracia del estado de derecho hondureño. Toda la capacidad y honradez de quienes salen prestigiados de la Corte Suprema anterior, fue insuficiente para reconocer el esfuerzo mayoritario por adecentar la justicia en nuestro país. Unos pocos se encargaron con unas cuantas actuaciones de mantener la falta de credibilidad, generalizada, en nuestro sistema judicial.
La suerte de ellos es que solo en Honduras, con esta impunidad endémica, tales actuaciones no son tipificadas y castigadas con todo el peso de la ley. Aun el prevaricato, el cohecho y la traición a la Patria hasta pueden ser premiados. No valió mucho que la gran mayoría de jueces si cumplieran con integridad sus deberes, para que unos pocos lograran mantener la falta de credibilidad en la impartición de justicia. Ojala los nuevos magistrados asuman el reto: probar que fue por confiables en su integridad y su sometimiento al imperio de la ley, que fueron electos. No por ser confiables a quienes nunca deben serlo: los poderes facticos y político sectarios.
Luz Ernestina Mejía P.
