Bótox para niños con parálisis facial

Un estudio revela que el bótox logra mejorar «significativamente» la simetría del labio inferior en los niños con parálisis facial, una enfermedad por la que el afectado no es capaz de mover algunos o ninguno de los músculos de la cara.

Con el objetivo de ahondar más en este aspecto, un grupo de investigadores coordinado por Siba Haykal, especialista en cirugía plástica y reconstructiva en la Universidad de Toronto (Canadá), trabajó con un total de 18 niños (entre 2004 y 2012) cuyas edades oscilaban entre los cuatro y los 17 años. Todos sufrían parálisis facial y presentaban asimetría del labio inferior por la disfunción en alguno de los puntos del nervio facial que controla los músculos de esta zona.

No se trataba de casos graves, sino leves. Lo que los especialistas llaman parálisis marginales. De haber sido pacientes afectados de forma severa, puntualiza Elena de Tomás, jefe de Cirugía Plástica del Hospital Materno Infantil del Gregorio Marañón de Madrid, su tratamiento habría sido «más complejo. Primero hacerle una especie de injerto nervioso del facial sano al paralizado. Después, una vez que dicho nervio hubiera recuperado la función, el siguiente paso habría sido integrar un músculo al que le llegue la función neurológica». Esta intervención quirúrgica requiere rehabilitación posterior.

En los pacientes con afectación leve, concretamente en los niños,»aproximadamente en un 85%, las parálisis faciales se resuelven solas», señala Samuel Ignacio Pascual Pascual, neurólogo del Servicio de Neuropediatría del Hospital Infantil de La Paz de Madrid. Con el 15% restante, se aplica «fisioterapia y a largo plazo, cuando ya han crecido, se empiezan a plantear métodos quirúrgicos (implantes o transferencia de nervios o músculos del lado sano)».

No obstante, en los casos del estudio, que no eran severos, el tratamiento con bótox tiene el objetivo de simetrizar. Para ello, especialistas de Toronto y Boston infiltraron toxina botulínica mediante inyecciones (para lo que se aplicó anestesia general en los menores de 10 años) en el músculo «del lado no paralizado, con el objetivo de debilitarlo y relajarlo para lograr mayor simetría en la boca», explica Haykal.

Después de este proceso y tras realizar un seguimiento de dos años a partir de la última sesión, los investigadores observaron resultados «estadísticamente significativos». Con la ayuda de un software informático, pudieron tomar medidas, a través de imágenes fotográficas, de la diferencia vertical entre el lado paralizado y el no paralizado del labio. Así, concluyeron que la desviación media antes del tratamiento era de 3,5 milímetros. Tras el tratamiento se redujo a 1,5 milímetros. Es decir, «conseguimos una corrección de aproximadamente el 61%», reza el estudio.

Además de demostrar la eficacia, «también confirmamos que la toxina botulína no conllevó ninguna complicación en los dos años de seguimiento», subraya Haykal. En este tiempo, los «resultados de simetría se mantuvieron».

Aunque, tal y como señalan los expertos españoles consultados por EL MUNDO, el mecanismo de acción es de tres a seis meses, es decir, habría que repetir las sesiones de bótox, es cierto que «el efecto de la toxina botulínica tiene un efecto acumulativo. Cada vez requiere menos dosis y pueden ser más distanciados en el tiempo», puntualiza la doctora de Tomás.

En vista de los hallazgos del JAMA Facial Plastic Surgery, algunos investigadores apuestan por la conjunción de inyecciones de bótox y fisioterapia para mejorar aún más el resultado final. «Movilizar la musculatura tanto de la zona paralizada como de la sana es muy importante», sentencia la cirujana del Gregorio Marañón.

GRamirez