Alianzas estratégicas

Por Edmundo Orellana
Catedrático universitario

Si bien la alianza para la candidatura presidencial no se dio. Debió mantenerse abierta la posibilidad de alianzas estratégicas para, por ejemplo, derogar las leyes que atribuyen funciones dictatoriales al Presidente y despolitizar las instituciones, como propuso desde el principio el candidato liberal. Es parte del proceso reivindicatorio del Partido Liberal, que comenzó con la candidatura misma del ingeniero Luis Zelaya y, necesariamente, debe continuar hacia la recuperación del posicionamiento privilegiado que tenía el Partido Liberal antes del golpe de Estado. Las explicaciones, entonces, debieron centrarse en el porqué, no en quién ni en descalificaciones innecesarias.

En el seno del Partido Liberal germinaron y convivieron armónicamente tendencias ideológicas de todo tipo. Por eso, se mantuvo en la preferencia del pueblo hondureño por más de un siglo. Cubría el amplio espectro de las derechas y de las izquierdas, lo que quedaba demostrado ampliamente con los movimientos que participaban activamente en las elecciones primarias, fusionadas, después, en la candidatura victoriosa. Se trataba, en la mayoría de los casos, de contiendas entre izquierdas y derechas. Esto debe mantenerse, si se quiere que el Partido Liberal vuelva a ser lo que era, el partido mayoritario.

La candidatura del ingeniero Zelaya es el primer paso. Los pasos que siguen deben orientarse en la dirección correcta. Debe tener claro que el adversario poderoso es el partido de gobierno, no los partidos de oposición. Con relación a estos, basta que el mensaje del Partido Liberal cale más hondo en el pueblo hondureño, sin perjuicio de abrirse a alianzas puntuales ahí donde sean necesarias por el interés del país. Si eso no se tiene claro, cada ataque entre los partidos de oposición, alejará la posibilidad de vencer el partido de gobierno.

La campaña electoral debe reorientarse. El ataque debe dirigirse hacia los verdaderos enemigos de Honduras: la pobreza, el desempleo, la inseguridad y un largo etcétera de carencias, que tienen sumido en la desesperación al hondureño, que, para aliviar esta dramática situación personal, no duda en abandonar el país en busca de posibilidades, aunque con ello ponga en riesgo su vida o su integridad física.

El pueblo está cansado de la politiquería. Bien le vendría ver y escuchar a otro tipo de político, con una visión contemporánea, que aborde sus verdaderos problemas con lenguaje claro, preciso y acertado. Sin demagogia. Ese que el ingeniero Zelaya encarnó en la campaña de las elecciones primarias. Esa es la figura que debe seguir proyectando el candidato liberal.

Debe seguir creciendo en credibilidad y confianza mediante un mensaje más convincente que el de sus adversarios, como lo hizo en las elecciones primarias. El contendiente principal de las elecciones generales es infinitamente más poderoso, porque tiene a su favor los privilegios y dispositivos del poder, que no duda en utilizar impúdicamente. No debe distraerse, entonces.

El gobierno, aprovechando esos dispositivos, ha provocado, sin duda, la atmosfera enrarecida que supuestamente aparece después de las aproximaciones entre los partidos de oposición. Desde acerbas críticas porque el dialogo ocurrió, hasta acusaciones ridículas, pasando por acentuar las diferencias, es lo que más se destaca. Pero lo más sorprendente es que los partidos de oposición cayeron en la trampa que burdamente les tendió el Presidente, nuevamente. Ahora resulta que están ocupados en acusarse y descalificarse mutuamente, en lugar de exhibir su fuerza electoral y demostrar la pertinencia de sus propuestas.

Mientras los partidos de la oposición se destrozan entre sí, el Presidente disfruta el espectáculo, seguro de que no habrá alianzas estratégicas entre los partidos de oposición, que pongan en riesgo lo que ha construido, y confiado en el fortalecimiento de su inconstitucional proyecto continuista.
Continúen así y habrá Juan Orlando Hernández para rato.