Por Arturo Alvarado Sánchez
Para las próximas elecciones de noviembre, los hondureños tendremos la novedad de la alianza que ha sido acordada entre los líderes de los partidos Libre, Pinu y el exdirigente del partido Pac, Salvador Nasralla. Con el transcurso del tiempo veremos si esta alianza se consolida y logra ofrecer a los votantes una oferta electoral interesante y que pueda convencerlos de que producto de la misma se podrán mejorar los destinos del país.
Una alianza electoral se constituye mediante la unión temporal de dos o más partidos políticos con el objetivo de participar en forma unida en una contienda electoral, presentando candidaturas unificadas tanto a nivel presidencial como de diputados y alcaldes municipales. Este es un primer escollo que tendrán que superar los nuevos aliados, porque significa que muchos de los integrantes de cada uno de los partidos tendrán que deponer sus aspiraciones para acomodar los candidatos de los otros partidos. En este proceso se deberían seleccionar a aquellos candidatos que tengan las mejores calificaciones.
Para algunas personas, el término alianza es sinónimo de coalición, pero se debe aclarar que en la literatura política este término se utiliza en los casos en que existe un acuerdo entre varios partidos políticos para lograr la conformación de un gobierno, generalmente utilizado en los sistemas parlamentarios. En otras palabras, las alianzas se originan de acuerdos preelectorales, mientras que las coaliciones se forman después de transcurridas las elecciones con el objetivo de facilitar el funcionamiento del gobierno en los casos en que el partido ganador no haya alcanzado una mayoría que le permita gobernar.
Una alianza tiene un fin eminentemente electoral con el propósito de maximizar las posibilidades de éxito de los partidos que la integran en una determinada contienda electoral. Generalmente, este tipo de acuerdos se producen cuando existe un partido mayoritario o que goza de algunas ventajas y, por lo tanto, si los partidos de oposición participan en forma individual casi con seguridad que sus posibilidades de triunfo se vuelven limitadas.
La alianza conlleva el compromiso de unificar candidaturas y, por lo tanto, implica la prohibición de presentar candidaturas separadas por parte de los partidos que la integran. En algunos países existe la posibilidad de que cada partido participe en forma independiente, pero presentando los mismos candidatos a los diferentes cargos sujetos a elección, con lo cual cada partido preserva su identidad y se llega al mismo resultado. Sin embargo, esta alternativa tiene que estar expresamente aprobada en ley.
Otra característica importante de una alianza es su carácter temporal, o sea solo para participar en una elección, con lo cual cada partido preserva su vigencia manteniendo su identidad y personería. Por otro lado, también existen las fusiones partidarias de carácter permanente, que implican el surgimiento de un nuevo partido con la disolución de los partidos que han acordado la fusión o por lo menos la extinción de algunos de los partidos involucrados.
La constitución de una alianza también involucra acuerdos sobre otros aspectos que son vitales para el funcionamiento de la misma, como quiénes llevarán la dirección y representación, el proceso de toma de decisiones, cómo se distribuirán los aportes económicos, registros contables y otros. Adicionalmente, tiene que estar claramente definido cómo funcionaría la alianza en caso de triunfar en las elecciones y para el caso de los diputados electos, si seguirán actuando como una bancada unificada o una vez finalizado el proceso, cada diputado responderá a los lineamientos de su propio partido.
Independientemente de los conceptos anteriores, en nuestro caso lo que debería importarnos a los hondureños es si efectivamente en la alianza que se ha forjado existe una comunión de objetivos, se comparten principios y valores y se tiene claro cómo se administrará la cosa pública para beneficio de todos, apartándose de la demagogia populista. Honduras sigue teniendo retos importantes para alcanzar un desarrollo socioeconómico sostenible equitativo y para eso se necesitan gobernantes que actúen en función del bien común, sin discriminaciones partidarias, haciendo un uso transparente de los recursos y con visión de estadistas. Lograr la independencia de poderes y que existan los pesos y contrapesos es vital para la institucionalidad de un país
