Mercado, Estado y pobreza

Mercado, Estado y pobreza

Por: Julio Raudales

No es el mercado el causante de la pobreza. ¡Es el Estado!

La inmensa mayoría de seres humanos, nacemos con talentos similares, los cuales podemos aprovechar y multiplicar en función de nuestro esfuerzo personal y de la ayuda que recibamos de quienes se sientan responsables de ello. También juega cierto papel el azar y la intuición.

Quienes nacieron en una familia que valora la educación y/o tiene los recursos para pagarla, normalmente no son pobres cuando adultos -salvo excepciones, cuyas causas normalmente se relacionan con la pereza y con otros vicios que algunos imputan, quizás con razón, a las malas compañías.

Quienes no la tuvieron, quedaron a merced de sus propios esfuerzos o de la acción del Estado para adquirir los conocimientos y habilidades necesarias -aunque no suficientes- para salir del estado de pobreza en que nacieron. Para ambos, -ricos y pobres de nacimiento-, el nivel de desarrollo alcanzable, dependerá del ‘ambiente’ económico-político del país en que les toca vivir; de la riqueza nacional heredada de generaciones anteriores y de la forma cómo el país la administre y haga crecer durante el lapso de su permanencia en él.

Es irrefutable el aporte que el mercado y el respeto a la propiedad privada tienen sobre la administración eficiente de la riqueza heredada y sobre el crecimiento de esta en un país y, por lo tanto, en el techo que se le impone al bienestar alcanzable por sus habitantes. Compare Europa Occidental con la del Este; Corea del Norte y Sur; Cuba y Chile.

Entonces, ¿dónde está la responsabilidad del Estado -o de quienes asumen su conducción- en todo este asunto?

Lo primero que debe hacer un buen gobierno, es proveer un ‘ambiente’ propicio para el crecimiento económico del país y elevar así el techo alcanzable por sus habitantes. Ello comprende en lo más esencial, dejar que el mercado funcione como es debido y de que se respeten los derechos de propiedad; el otro elemento fundamental es garantizar la participación ciudadana mediante la cultura democrática. Lo demás es condenar al país a generar un bienestar menor que el potencialmente alcanzable con sus recursos y por tanto, comerse la ‘gallina de los huevos de oro’.

Lo segundo es hacer -más bien promover- aquello que siendo conveniente para el país, no será desarrollado por el sector privado u otros agentes sociales y ser muy eficiente en su acción. ¡Qué desgracia observar cómo ese sencillo precepto fue olvidado por quienes cayeron en la trampa del socialismo-populismo, que convirtió al Estado en un empresario (de la industria, de la energía, de la explotación forestal, del transporte, de la construcción de viviendas, de la educación y de la salud) y por tanto, en un centro codiciado de poder, desde donde se puede demandar a sus súbditos cuantiosas contribuciones para no ser objeto de odiosas discriminaciones y obtener prebendas que sensiblemente afectan el resultado de sus negocios y su patrimonio personal.

¿Cuándo se comprenderá que debe limitarse el poder discrecional del gobierno y que este no es por naturaleza, un buen empresario; que su acción como tal empobrece al país, y que debe concentrar sus esfuerzos en ser eficiente para cobrar impuestos ‘justos, no distorsionadores’, para luego utilizar ese dinero en la promoción de capital humano de aquellos que no lo obtendrían con sus propios esfuerzos?

¿Qué hace el gobierno produciendo telefonía, electricidad, agua potable, servicios de correspondencia y programas de TV? Todas las empresas públicas producen pérdidas y el gobierno debe sostenerlas. Ya ni siquiera Hondutel y la Empresa Nacional Portuaria, obtienen las utilidades de antes y más bien evitan la competitividad del país.

Debe quedar muy claro: un gobierno grande es el sueño de todo político codicioso y ávido de poder. Esto solo reproducirá nuestro modelo de inequidad, pobreza y corrupción. A la hora de votar escuche bien las propuestas de los candidatos. Si alguno le dice que el gobierno ofrecerá de todo para todos, sepa que solamente le está prometiendo más pobreza.

Economista y sociólogo, vicerrector de la UNAH y exministro de Planificación y Cooperación Externa.

Lea también ¡Basta de medidas fiscales obtusas!