Elecciones cerradas
En Honduras se ha utilizado en las elecciones generales para la determinación de
sus resultados un mecanismo poco científico y considerablemente vulnerable,
como lo es la encuesta a boca de urna, pues a su amparo pueden cometerse
tremendos errores y defraudar a los electores, vale decir a la soberanía popular.
Se ha acostumbrado que una empresa proyecte cuál es el candidato presidencial
ganador con base en consultas a boca de urna que hipotéticamente serían
confirmadas por una muestra parcial de los resultados provisionales divulgados
por el Tribunal Supremo Electoral.
Si la muestra parcial del TSE fuera concordante con la proyección, se ha
sostenido, se formaría una tendencia que se calificaría como irreversible. Y, a
continuación, invocando que Honduras no puede soportar la incertidumbre
sobre quién será el nuevo gobernante, se ha acostumbrado a ejercer todo tipo de
presiones sobre el candidato provisionalmente en desventaja para que reconozca
el triunfo del adversario.
En las elecciones del 2005 funcionó ese sistema extramuros de la legalidad con
todas las consecuencias, al extremo de que nunca se conocieron los resultados
reales de la votación presidencial.
Simplemente, el presidente del Tribunal Supremo Electoral, que a la sazón era el
señor Arístides Mejía, entonces del Partido Liberal, declaró que el vencedor era el
candidato Manuel Zelaya Rosales; la empresa encuestadora y los medios de
comunicación determinaron que la tendencia era irreversible y presionaron al
candidato del Partido Nacional, Porfirio Lobo Sosa, a aceptar su derrota, quien se
resistió un tiempo, pero al final terminó acallando su oposición y Manuel Zelaya
fue declarado oficialmente ganador aunque, posteriormente, él mismo admitió
en entrevista televisada haber ganado la presidencia con fraude.
En la elección del 2017, uno de los candidatos de oposición, S. Nasralla, denunció
fraude antes y después de la elección.
Durante la elección, mientras el resultado provisional con base en un 57% de las
actas le era favorable por cinco puntos, se proclamó ganador, invocando una
tendencia irreversible, y de manera inconsulta fue acompañado en esta opinión
por uno de los magistrados del TSE.
Sin embargo, el conteo de más actas demostró que con el 82% de las actas
escrutadas el candidato presidencial del Partido Nacional, J. O Hernández, le
superaba y que su ventaja a esa altura se mantuvo hasta el final, con 42.95%
frente a 41.42%, con una diferencia de 1.53%.
Para calibrar el tema de la denuncia de fraude, conviene tomar en cuenta la
opinión de un periodista en el programa “Interpretando la noticia” de Globo
Televisión, en la cual explica el fraude proveniente de la candidatura de
oposición con base en un presunto entendimiento con un magistrado que tenía a
su cargo la administración del ingreso de las actas en el sistema del TSE.
Para que no volvamos a caer en precipitaciones declarando presidente ganador
sin tomar en cuenta la información de todas las actas, conviene tomar nota de lo
ocurrido en el Estado de Alabama, Estados Unidos, ayer 12 de diciembre, donde
se disputaban un asiento en el Senado Federal el candidato republicano Roy
Moore y el demócrata Doug Jones.
Pues bien, el candidato demócrata al haberse computado el 57% de los votos iba
perdiendo por siete puntos, diferencia que se fue reduciendo progresivamente, a
medida que se computaban más votos, así: con el 70%, la ventaja republicana era
de 3%; con el 86%, la ventaja era de .2% y, al final, con 49.9 contra 48.4 el
candidato demócrata ganó por 1.5%.
Impresionante resultado que prueba que las elecciones muy cerradas pueden
darse con resultados reales que difícilmente pueden ser cuestionados.
Un fenómeno electoral como el referido puede darse en cualquier parte del
mundo, con observación electoral o sin ella. Por consiguiente, es aconsejable
contar todas las actas y aceptar sus resultados finales, como ocurrió en Honduras
en esta elección de 2017.
Elecciones cerradas
CARLOS LÓPEZ CONTRERAS
