Radio América. La iglesia católica de Honduras a través del Cardenal Óscar Andrés Rodríguez, recriminó este domingo que muchos inmigrantes hondureños y del mundo a horas se les ve como «enemigos» y se les quiera deportar del país en donde se encuentran, principalmente de Estados Unidos.
«Cuánto rechazo hoy día a los migrantes, no solo aquellos de los países del Medio Oriente que están sufriendo tanto, pero aún a nuestros queridos compatriotas migrantes», dijo Rodríguez en la homilía que ofició este domingo en la Catedral San Miguel Arcángel de Tegucigalpa.
El arzobispo hondureño manifestó que deportar a compatriotas y otras personas de otros países que han buscado oportunidades en Estados Unidos «es distinto a la palabra de Dios».
El Gobierno de Donald Trump ha establecido instrucciones para reforzar el control migratorio en Estados Unidos, lo que supone abrir puertas para las deportaciones masivas de inmigrantes indocumentados.
Las autoridades hondureñas calculan que en EE.UU. viven alrededor de un millón de hondureños, entre residentes legales e indocumentados, que han escapado de situaciones que afectan al país centroamericano, como el desempleo y la violencia.
Se estima que de enero a junio de este año, las autoridades migratorias estadounidenses han a 10.014 hondureños, entre ellos 116 menores de edad.
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Tomar propia cruz
Durante la Homilía, el Cardenal dijo que los hondureños den tomar su propia cruz, pues la cruz siempre será el signo de amor, con el significado que se debe amar como Jesús ama a sus hijos.
«Somos conscientes de la dificultad que implica hablar de la cruz en una sociedad que ha hecho del éxito personal una especie de ídolo precioso; la cruz siempre será el signo de gran amor, tomar la cruz quiere decir identificarnos con Jesús y tener una única pretensión, amar como Él amó, conscientes de que nadie tiene el amor más grande que el que da la vida por los que ama», expresó.
«Hoy día como que tener y acumular, es la meta, en días pasados leía yo un informe que cinco personas tienen la mitad de toda la riqueza del mundo, eso ciertamente no es un bien; de qué sirve acumular aquello que no tienen ni idea en qué lo pueden gastar», cuestionó.
Agregó que muchas veces en lugar de hacer el bien, se usa para cosas dañinas y que en muchas ocasiones eso lleva a la muerte, por lo que se debe renunciar a la ambición de poder, del tener, de ser reconocido y cambiar por el gran amor de Dios.
