Por Luz Ernestina Mejía
La ciudadanía corre con el derecho y el deber de exigir publicidad y rendición de cuentas en la función estatal. No se entienden dineros públicos en bolsas particulares, disfrutados sin pena alguna, ni moral ni social ni judicial. Menos, que haya tanta pobreza que ha podido ser disminuida con esos dineros. ¿Cómo no va a haber indignados? Con altos índices de corrupción y en Honduras todos se dicen honrados. La irresponsabilidad en el manejo presupuestario se justifica, si comprende a conocidos.
Para efectos de responsabilidad, la apropiación de los recursos ajenos o cuando debiendo, no se evita a otros hacerlo, merece igual castigo. Pero podemos ser erráticos. Hay pesar y dudas sobre lo procedente de acusaciones. ¿Será cierto lo imputado a esos empresarios? Aunque siempre han sido vistos corrompiendo a cada funcionario público contraparte en sus negocios con el Estado. Tenemos que dejar de ser erráticos. Pero tampoco es de esperar celebración cada vez que un servidor público cumple con su deber, si para eso se les paga. Además de que aquí no acostumbramos a hacer leña del árbol caído.
Percibimos aún lejano el combate efectivo a la corrupción y a la impunidad. El concepto patrimonial del Estado en vez de disminuir, se fortalece. El despilfarro de recursos públicos es cada día más ofensivo. Basta la atención de un mediano observador a la campaña presidencial de la ilegal aspiración presidencial que desde el solio presidencial realiza el Presidente de la República.
El uso abusivo e ilícito que se hace de los recursos públicos en promover la aspiración presidencial del Presidente de la República es pura corrupción, similar a la cometida en el IHSS y en cualquier otra institución estatal. (Cacofonía intencional) Y todas esas instituciones nacionales y extranjeras supuestamente comprometidas en ayudarnos a eliminar la corrupción y con elevados ingresos por ello, ¿por qué no lo señalan? Quizás rectifiquen y quizás el presidente Hernández rectifique. ¡Qué esperanzas!
