Por: Luz Ernestina Mejía (Abogada)
Es de esperar que la búsqueda del poder sea motivada por los ideales más altos. Ni pensar que aspiren por mejorar posición económica o por satisfacer egos desmedidos. Enriquecerse con lo ajeno no solo es delito, para los creyentes es también pecado.
El manejo de la cosa pública debe ser transparente. Lo contrario ha significado niñas y niños sin futuro por no tener ni la educación ni las oportunidades que merecían.
Jóvenes y viejos enojados porque les quitaron su derecho a disfrutar de vidas plenas. Unos pocos políticos son los culpables. No tantos, menos todos, como se ha interiorizado en gran parte de la población.
La política debe ser noble servicio y casi todos así lo entienden. Hay quienes intentan ganar alegando lo contrario y manipulando aquel enojo. En los últimos tiempos, el descrédito de la política estigmatizó a todos por igual. ¿Injusto? Sí. Pero no es eso lo que más preocupa, si no que haya ingenuos reales y corruptos reales, aprovechándolo en su beneficio.
Quién sabe si intencional, pero la campaña electoral empieza a definirse entre la dictadura y el caos. Por eso es que la tercera vía, el proyecto político del Partido Liberal, encabezado por Luis Zelaya, es de obligatoria consolidación.
Es la salvación, porque sea liberal o no, no hay de otra. Y porque el candidato presidencial liberal es el único que presenta la idoneidad que se requiere en la Presidencia de la República.
Por ello los estrategas liberales no tienen derecho a equivocarse. Y cualquier intromisión dañina de los dueños o del dueño del partido deben resistirla. Que hay, no importa lo que digan o bonito escriban. Con cuidado, eso sí, porque si se ofende, hace perder.
Y por las fechas, felicitaciones a los periodistas dignos, los que no mienten ni se venden. Quienes son la mayoría, aunque como de los políticos también se diga lo contrario. ¿Y cuándo será que el Colegio de Periodistas premiará a Telma Mejía o a Juan Ramón Durán, entre otros?