JOH­-Mentiras

Por Ramón Custodio

Hay personas que mienten y mienten y vuelven a mentir, de modo que en ellas la mentira es una manía o mitomanía y se las llama mitómanas en psicología y psiquiatría. Son enfermos conflictivos que deben recibir tratamiento psicológico y psiquiátrico.

Es el caso del político del Partido Nacional que ganó las elecciones para ser Presidente de la República, desde el 27 de enero del 2014 al 27 de enero del 2018, cuyo empecinamiento y tozudez lo tiene de candidato para ser reelegido en el mismo cargo por cuatro años más, aún cuando “la alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia de la República es obligatoria”, según el artículo 4 de la Constitución de la República vigente.

Razón por la cual es un presidente de facto e inconstitucional, en flagrancia por el delito de traición a la Patria, según el artículo precitado.

Como todo paciente mental, él no se da cuenta de su enfermedad y cree que su manía es normal y los medios informan de su juego. Así, en EL HERALDO del 20 de abril se le cita diciendo que “si resulto electo, no voy a aspirar a otro período”. Que es como decir otra mentira sobre sus declaraciones previas diciendo que no buscaba la reelección. Además, un proceso electoral general no es un plebiscito, como el paciente dice, cuando afirma que si resulta electo queda satisfecha la voluntad del pueblo, de modo que el mal se agrava cuando también carece de sentido común porque cree que el pueblo es tonto.

Con él son coautores del delito de traición a la Patria el Partido Nacional, que como institución de derecho público está obligada a respetar la Constitución de la República y demás leyes; los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y los miembros del Tribunal Supremo Electoral (TSE) y todos los candidatos de los demás partidos políticos que apañan con su participación este proceso nulo, inconstitucional y absurdo.

Hay actos de mala fe de los que dirigen este proceso, que son notorios y evidentes y otros ­pocos­ encubiertos; como estar propiciando candidatos disidentes en otros partidos políticos, sin darse cuenta que con esas acciones fraudulentas ilegitiman más lo ya ilegítimo. Por respeto al honor y buena imagen de las personas no menciono nombres y apellidos, pero el pueblo sabe de lo que estoy hablando. De modo que el presidente de un partido político puede desoír a los magistrados del TSE, que creen que el pueblo es tonto y se va a tragar sus cuentos.

Urdiendo la religión cristiana y la Santísima Trinidad, el paciente dice que los de un partido de oposición están a la derecha, mientras otro partido es peligroso por ser de izquierda, mientras él está al centro.

Continúa diciendo el paciente que en Consejo de Ministros dará la orden para que no se usen los fondos públicos en campañas políticas, una vez que él ya los usó en cada día de su mandato, con lo cual le está diciendo al pueblo otra mentira, esperando que el pueblo no se atragante con tantas mentiras.

El paciente quiere que el pueblo olvide que en la campaña su Partido Nacional usó fondos públicos, en un caso de malversación de fondos públicos que dicen que devolvieron, pero esa devolución no borra el delito ni este prescribe.

El paciente y presidente de facto no da ninguna explicación sobre los fondos posiblemente malversados ­en tanto no se demuestre lo contrario­ de la Tasa de Seguridad.

La enfermedad mental es una insania que puede invocarse como un Estado de necesidad para la destitución constitucional y juzgamiento por traición a la Patria y la suspensión o pérdida de la ciudadanía, con internamiento porque por su propio bien no se le puede dejar solo y a la deriva.

El noble pueblo comprenderá mi justa propuesta.

*Excomisionado nacional de Derechos Humanos