RAMÓN CUSTODIO
Ex comisionado de los Derechos Humanos
El 11 de noviembre del 2014 como a las 7:00 de la mañana fue asesinado el entonces fiscal Edwin Geovani Eguigure en la aldea El Chimbo de Tegucigalpa, le acompañaba su esposa también fiscal María Auxiliadora Sierra.
Al momento del crimen Kevin Solórzano, vecino de la misma aldea, estaba con su madre cerca de la escena del crimen a la orilla de la pavimentada, esperando al compañero que venía de Cantarranas, quien condujo a Kevin a la Ceutec al costado del Hospital San Felipe, cuyas cámaras registran su ingreso y subida al aula de clases. Agentes del Ministerio Público capturaron a Kevin Solórzano 11 días después, acusándolo por el asesinato del fiscal, muerto a puñaladas, y por tentativa de asesinato en contra de la esposa de este, suponiendo que él fue el cómplice barbado que martilló dos veces su arma de fuego en la región temporal de ella.
Es evidente el interés de la Fiscalía y del Poder Judicial para inculpar a Kevin, en favor de los verdaderos culpables, directos e indirecto o indirectos, si los hay. Refuerza esta sospecha el ensañamiento del juez que violentó sistemáticamente el derecho a la defensa y la garantía del debido proceso para Kevin.
La defensa del inculpado a cargo de los abogados Jair López y Celeste Cerrato ha sido una odisea por la maldad de los poderosos, pero no pudieron comprar sus conciencias ni tampoco intimidarlos, ni a quienes creemos en la inocencia de Kevin.
El caso de Kevin es un caso paradigmático en la justicia universal, igual que otros del pasado memorable de la humanidad, demostrando así que la injusticia no es nueva, pero que ahora son malas acciones del sistema actual, impulsadas en Honduras por el gobierno de JOH y su camarilla, así: Sócrates, el lustre griego que acabó con las supersticiones al hacerse y hacer a otros preguntas bien pensadas, usando la dialéctica para encontrar respuestas reflexivas, inicio de la filosofía, cuyo asesinato disfrazado de juicio contra la impiedad y la corrupción de jóvenes fue logrado por Anito, su implacable enemigo demócrata llegado al poder para manipular al consejo de 500 jueces que lo condenaron a muerte en año 399 a.C., por lo que tomó la cicuta, a pesar de que la amnistía general había sido aprobada un año antes, el año 400 a.C. Su primer acusador fue Meleto, un poeta de mala presencia, lleno de odio hacia la sabiduría como todos los mediocres.
Seis siglos después fue crucificado Jesús, tras un juicio injusto, pero él murió para resucitar tres días después y vivir por siempre en cada redimido, pues él vino a este mundo para ofrendar su vida por cada uno de nosotros.
Pocos jueces hondureños juzgan con fundamento, los más son justicieros que hacen carrera al cumplir con prisa órdenes, como el juececito que juzgó tan mal a Kevin y los fiscalitos se parecen a Anito, primer acusador de Sócrates, pues ni a Ano llegan. Aquí los jueces y fiscales han perdido el juicio, porque no saben diferenciar el bien del mal ni saben, o no quieren, distinguir lo verdadero de lo falso; deben recuperar juicio y dignidad y enderezar el derecho.
En “Patas arriba”, dice Galeano: “La publicidad manda consumir y la economía lo prohíbe”. “Este mundo es… igualador y desigual; igualador en las ideas y costumbres que impone y desigual en las oportunidades que brinda”. Lo saben el inocente Kevin y su pueblo.