Pudimos haber bautizado esta columna con un título absolutamente lúgubre. Algo así como “Toncontín se muere”, pero este es más amable.
Y aunque no nos guste, si no empezamos a crear alternativas, su final está cerca y por razones ajenas a Palmerola. Responsabilidades de otros tiempos y otros personajes.
Los aparatos aéreos se hicieron más grandes. La necesidad de nuevos destinos aumentó y el aeropuerto se fue encogiendo con la proliferación de colonias, viviendas, edificios, puentes y carreteras hasta el extremo que ya no puede crecer un metro en ninguna dirección. Y hay edificios comerciales construidos en los terrenos del puerto aéreo. Esto se debe a que prevalecen los intereses de la concesionaria.
Desaparecieron las líneas aéreas hondureñas y nos quedamos con la leyenda de la capacidad de nuestros pilotos de aterrizar en la punta de un alfiler.
Cuando vinieron las concesiones se pensó solamente en el canon. Y este creció a costas de alquileres y cobros más altos por los servicios. Los pasajeros no aumentaron. La carga tampoco porque empezaron a utilizar La Mesa. Más barato.
Y perdimos hasta la definición de aeropuerto. Ahora creemos que es un sitio que se visita solo por las mañanas para ser entrevistados por las cadenas de radio y televisión.
Ahora viene Palmerola. Será el centro de la vía del Pacífico al Atlántico. Canal seco le llaman. Centro de acopio también. Aproximaciones envidiables, pista de aterrizaje de lo mejor y tendrá tecnología de punta para ayudar a la navegación aérea. Todas las comodidades.
Inmediatamente bajaràn los costos por la mejoría en la seguridad. Por aterrizar o despegar de Toncontín las grandes aeronaves consumen más combustible que por las misma operación en Comayagua. Y la disminución de riesgos también reduce costos.
Ya no hay vuelos directos a Managua, Guatemala, México, Nueva Orleans y Panamá vía San Andrés. Rutas exitosas en otros tiempos. Ahora hay ocasiones en las cuales para viajar a México hay que hacer escala en Costa Rica y esperar la conexión durante todo un día.
Hemos dejado que el Toncontín perdiera importancia con la complicidad de propios y el interés de los extraños.
Palmerola no tendrá éxito inmediato. Debe buscar la confianza para que grandes aerolíneas lo incluyan como destino. También pensando en grande, hay que constituir una empresa de bandera nacional para que lo convierta en centro de operaciones.
Debemos abandonar el patrioterismo. Fingido para esconder motivaciones políticas. Claro está que es solemnemente válido cuidar la transparencia.
Toncontín no debe cerrarse. Es parte de la historia de Honduras. Pero eso depende del y trabajo y creatividad de las empresas locales.
El gobierno administrará Toncontín. Puede cobrar menos por los servicios. Hacer alguna rebaja en los impuestos si se vuela hacia destinos nacionales. Tantas cosas que pueden hacer. Y que los empresarios nacionales no esperen que un solo boleto pague el costo de toda la operación.
Con sólo operar los vuelos de otro aeropuerto que no sea el capitalino el boleto internacional costará doscientos dólares menos (Debería. Eso esperamos todos).
Una línea aérea de los Estados Unidos viaja todas las noches de La Mesa a La Florida. Y siempre esta colmado de pasajeros. Y estos vienen de todo el país. El secreto esta en el precio. Doscientos dólares ida y vuelta. Precio total.
Ya me imagino boletos que digan -por ejemplo- Miami – Tegucigalpa con escala en Palmerola. Hay cambio de avión. O solo Miami – Palmerola. Hay espacio para todos. Y nuevamente florecerá la industria aeronáutica.
Por Jonathan Roussel
