Trans-450

Los políticos en campaña electoral son cosa seria, aunque en sus promesas ellos no sean serios. Prometen puentes donde no hay ríos y si alguien les reclama fácilmente dicen que harán un río para poner el puente. Así de fácil.

A mediados de 2013, antes de las elecciones internas, el entonces en funciones alcalde capitalino inauguró el llamado Trans-450, diciendo que con su funcionamiento se iban a resolver todos los problemas del infernal tráfico vehicular de la capital. Recuerdo que dijo que los vagones articulados del tal Trans-450, adquiridos en Guatemala estaban detenidos en la frontera con El Salvador debido a una huelga de los empleados aduaneros de aquel país.

Pasaron las elecciones que él perdió y no se volvió a acordar del asunto. Lo de los vagones detenidos en la frontera fue pura pajarita de la buena. Nunca estuvieron varados en El Amatillo porque nunca fueron prestados, ni alquilados y muchos menos comprados. He averiguado que en construirlos tardan dos años.

Los capitalinos nos alegramos, porque cualquier esfuerzo para mejorar la circulación vehicular es bienvenido. Me refería una vez al asunto en mi artículo “Inauguraciones”, pero han salido a luz otras cositas que es necesario decir.

Todos creíamos que el aparato sería manejado por la municipalidad, para abaratar el precio del transporte colectivo, pero no fue así. Ahora resulta que antes de que el chunche funcione se firmó un contrato con los transportistas que los hace dueños del mismo y por lo tanto el monopolio sobre el transporte público sigue en sus manos.

Para colmo de males, el inconcluso aparato y la vía por la que circulará constituyen un problema para las construcciones emprendidas con tanto entusiasmo por la nueva corporación municipal encabezada por Tito Asfura.

En algunos tramos ha sido necesario cambiar el diseño original del Trans-450 para que no interfiera con las nuevas obras.

No sabíamos que el BID había prestado $35 millones para el proyecto, cuyo uso no supervisó. Ahora sus representantes están piando tarde.

El tráfico vehicular por el bulevar Suyapa se ha complicado, porque las obras del ya viejo trasto se realizan simultáneamente con las obras nuevas.
Igual sucede en el bulevar Centroamérica. El carril central por donde circulará el aparato es usado por ciclistas y peatones, mientras los vehículos conducidos por choferes irresponsables se apiñan en varias filas tratando de pasar primero.

El viernes anterior yo “inauguré” el paso elevado del barrio La Granja frente al Seguro Social y en realidad funciona a la perfección. En un santiamén estaba en mi destino circulando entre un tráfico fluido.

Igual sucede por el paso a desnivel de la colonia El Prado hacia el Estadio “Tiburcio Carías Andino” (aunque este nombre no les guste a los colorados y a otros) todos los días lo uso y cada vez el tráfico es más fluido, a pesar de los abusos de los taxistas, buseros “brujos”, motociclistas y otros manudos del volante.

A falta de policías que dirijan el tránsito, la Alcaldía ha puesto a unos muchachos de chaqueta amarilla que con mucha amabilidad dirigen el tránsito. Lástima que como andan desarmados y no hacen esquelas, muchos no les paran bola.

Otra cosa que dificulta el tránsito vehicular es la desincronización de los semáforos, que fueron inaugurados por el alcalde anterior con el cuento de que eran inteligentes pero salieron dundos.

Para muestra un botón. El semáforo que funciona frente al aeropuerto de Toncontín es uno de los dundos descontrolados. La luz roja que guía a los conductores que salen de la colonia 15 de Septiembre tarda un mundo, mientras la verde dura lo que un parpadeo. Me tomé la molestia de medir el tiempo con reloj en mano y constaté que dicha luz roja dura cuatro minutos y la verde 45 segundos. La fila se hace interminable ante los bocinazos de los conductores apurados que se levantaron tarde.

Igual sucede con otros semáforos de otros lugares conflictivos de la ciudad capital.

Si todavía funciona un tal Comité Vial, sería bueno que le pusieran atención a este pequeño gran problema, del cual en honor a la verdad el alcalde Álvarez no tiene la culpa. Él los inauguró funcionando bien.

Enloquecieron después…

Por Roberto C. Ordóñez