Ahora los políticos quisieran ser outsiders. Se dijo que“ un outsider puede quitarle el poder al Partido Nacional. Y lo creyeron. El anglicismo, ya incorporado al glosario de la ciencias políticas catrachas, hace referencia a alguien de “afuera”. Un personaje cuestionador y ajeno al sistema político establecido, el de los partidos tradicionales, los bonsái y los nuevos. Todos ellos conforman el stablishment, ya no pueden presentar a alguien de sus senos, como un outsider porque todos son parte del sistema, lo han alimentado y se han alimentado de él. Entonces el desvelo se produce en la búsqueda de dar la impresión de serlo o en identificar a algún actor en la sociedad. Los outsiders pueden ser verdaderos idealistas, muy raros. Casi siempre son oportunistas. Alcanzar posiciones sin esfuerzo, por lo general sin méritos y sin las capacidades indispensables. A veces, con poco interés en el estudio. Sin obligación de rendir cuentas. ante una organización política. El outsider surge como una expresión espontanea, por su cuenta o entusiasmo de sus amistades. Así ha sido aquí y en cualquier parte del mundo. De lo anterior desprendemos entonces que el personalismo ya dañino en nuestro sistema político electoral, en un outsider se exacerba. Y lo otro que se revela como característica intrínseca de un proyecto de outsider, concretado o no, es la improvisación. Si la incauta hondureñidad con un sistema de partidos ha sido víctima de la improvisación, que tal con un outsider? Pero por ahora no hay ninguno a la vista. Lo que en error llaman outsiders, son ciudadanos con buena imagen, viajeros con banderas de neutralidad apolítica, porque de este sistema vigente son parte fundamental. En el viven, lo defienden y se lucran del mismo. Lo que si puede quitarle el poder al Partido Nacional, es la visión patriótica y organizada que se concrete en confrontación, articulación y consensos. Un outsider? Otro oportunista? No. Busquemos políticos preparados, valientes y solventes.
Luz Ernestina Mejia P.
