¿Tocó fin Toncontín?

GASPAR VALLECILLO MOLINA

El alcalde Asfura se empeña en modernizar y hacer vivible nuestra Tegucigalpa, que cuenta con dos millones de ciudadanos, pero calla ante la decisión del Presidente de este país de incertidumbres cotidianas de dejarnos sin aeropuerto. Una de arena y otra de cal.

El Br. Zelaya inmediatamente después de un accidente por falla humana ordenó cerrar Toncontín y habilitar Palmerola. Hubo reacciones con y sin conocimiento por la distancia, costo e inseguridad. Fervor y defensa.

JOH dijo “Palmerola va y nadie lo detiene”. El que manda no pregunta, ordena. Firmó compromisos y concesiones que nos costarán caro. Está convencido de que no tenemos capacidad de entendimiento ni posibilidad de discernimiento. Yerros del poder.

“Será el polo de desarrollo de Centroamérica y por qué no decirlo, de América…Verán el Valle de Amarateca con un desarrollo sin precedentes, hoteles, centros comerciales y restaurantes de primer nivel…Una supercarretera como no hay en Centroamérica… Haremos con los lustrabotas del Toncontín cooperativas para que tengan buses y trasladen de ahí a los viajeros a Palmerola… Haremos una megaterminal de buses en Toncontín con todos los adelantos técnicos… No más muertos por ser el aeropuerto más peligroso del mundo… No está lejos, he estado en otras capitales donde los aeropuertos están a más de 50 minutos -Quito, por ejemplo-…Será una terminal aérea como no hay otras”.

Me dejan turulato esas inexplicables justificaciones para tocar el fin a Toncontín. Ya está cocinado todo, no hay recocido. Guste o no, Tegucigalpa queda sin aeropuerto. Y punto.

Se cuchichea entre amigos por temor al poder. El designado para recibir turistas enmudeció por antecedentes. Despilfarramos millones sin beneficiar a la mayoría necesitada. Pronto no habrá agua y hacemos surtidores, no represas; nos estamos quedando sin bosque por incendios, gorgojos y sequía y no tenemos estrategias a corto ni largo plazo; por una sola carretera buena regurgitamos los millones invertidos y seguimos siendo dependientes, no competitivos. Habrá muchos aeropuertos sin aviones ni pasajeros, pero jamás un nuevo hospital ni escuelas con techo y pupitres ni cárceles seguras para criminales como los policías denunciados y corruptos, como los de la Judicatura y el ex de la CSJ, que merecen estar presos reintegrando su latrocinio.

“Debemos pensar en grande”. JOH olvida que la suma de lo pequeño engrandece. Nunca hubo muertes atribuibles al Toncontín. Revisen su historia sin distorsionarla. Ahora morirán más en la supercarretera por velocidad e inseguridad. Como siempre, será un desastre no calculado y fríamente ignorado. En El Salvador, el aeropuerto está a 40 minutos por carretera recta, plana, en zona bien poblada. Guatemala lo tiene dentro de la ciudad. Palmerola tendrá, según lo publicado, cuatro mangas. ¿Cuántas tiene Guatemala, EL Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá? No somos tantos los tontos, señor Presidente.

Se desestimaron muchos años de estudios y proyectos viables. Comayagua debe tener su Palmerola, nadie lo duda, pero sin perjudicar a nuestra capital dejándola sin aeropuerto. Absurdo, para volar al norte habrá que ir a Comayagua. Otro desaguisado más.

“La historia nos enseña dos cosas: que jamás los poderosos coincidieron con los mejores y que jamás la política fue tejida por los políticos”. Camilo José Cela. Lástima, mil razones válidas fueran invalidadas. ¿Tocó fin Toncontín?