Un año con ocho meses, días más, días menos, faltan para el proceso electoral. Por lo que se oye participarán unas 20 agrupaciones políticas. Entre históricas, nuevas y desempacadas solo para el evento. Algunas con doctrina y oportunidad. Otras con una sola misión impedir bloques opositores que intenten dominar los comicios desde el Tribunal Supremo Electoral que tampoco variará su composición y unas cuantas con sueños e ilusiones.
Está muy claro que no habrá voto electrónico, ni segunda vuelta. Y está decidido que se va por la reelección. Están en vigencia, leyes modificadas aunque algunos digan que son ilegales.
Es poco probable que se realicen elecciones internas. No es obligatorio.
Lo único diferente será el control que ejerza la Maccih de los dineros de las campañas y la adecuada supervisión del conteo de votos y los resultados.
Esa es la realidad política de Honduras. Guste o no guste. De allí saldrá el nuevo gobernante. Y si siguen teorizando, reclamando airadamente y perdiendo el tiempo con propuestas enloquecedoras en el Congreso Nacional menos oportunidad tendrán en el 2017. Mejor sería que fueran a los departamentos a organizar estructuras. A motivar bases y cuadros intermedios y a prepararse para la lucha electoral. Sino solo tendrán pitos para soñar, analistas que sacan teorías de sus faltriqueras con más facilidad que un niño saca confites de sus bolsillos, antorchas los viernes y disminución de su caudal popular. Menos tendrán cuando se vaya descubriendo que algunos de sus líderes siempre estuvieron jugando otros juegos bajo la mesa. Y que no hay posibilidades de cambios violentos y sí habrá lugar a gobiernos clásicos sin necesidad de constituciones exóticas.
Esa será la nueva realidad política de Honduras. Esperamos que dure así como ha durado el sistema implantado en 1982 para que nos lleve al desarrollo que tanto anhelamos y necesitamos. La teoría de la nueva Constitución ha sido tan manoseada que se convirtió en pesadilla rechazada por la mayoría de los ciudadanos y tan deformada que se transformó en algo así como maldición para la nación.
La comunidad internacional apoya esta realidad. También apoya que la Maccih, limpie y ayude a impedir que delincuentes accedan a candidaturas y que el proceso sea limpio, sin trampas a la hora de contar, además de impedir y castigar la corrupción “caiga quien caiga”. Ideal sería que tuviera siquiatras para que tampoco lleguen atarantados a puestos de elección popular.
El panorama no es malo. Puede producir cosas buenas para Honduras. Así sea.
Jonathan Roussel
