En el mar de China Oriental, de los cuatro países que bañan sus aguas, a partir del próximo 20 de mayo Taiwán será el segundo en ser gobernado por una mujer, Tsai Ing-wen, del opositor Partido Democrático Progresista (PDP).
La primera mujer que dirigirá el destino de Taiwán fue derrotada en 2012 por un margen mínimo, pero resultó electa el pasado 16 de enero con el 56.12% de los votos. Se registró la participación del mayor número de partidos políticos en la historia de Taiwán y el menor número de votantes hasta ahora (66.2%).
La presidenta electa no pertenece a una dinastía política. Se graduó de derecho en Taiwán, estudió una maestría en Estados Unidos y un doctorado en el Reino Unido. En los años 90 participó en las negociaciones para la adhesión de Taiwán a la Organización Mundial del Comercio, que se logró en 2001 (por presiones de China bajo el nombre de Taipéi Chino).
Durante el primer gobierno del PDP fue titular del Consejo de Asuntos de China Continental. El suyo será el segundo gobierno del PDP. En esta ocasión, previo a las elecciones, China no lanzó misiles, en su lugar se reunieron por primera vez los gobernantes actuales de ambos países.
El candidato presidencial del gobernante Partido Kuomintang (KMT), Eric Chu Liluan, asumió la derrota electoral. Declaró: “No trabajamos lo suficientemente duro”, aunque sí lo hicieron, pero refleja el rasgo cultural de asumir responsabilidades.
El vicepresidente electo Chen Chien-jen es un reconocido epidemiólogo y católico practicante. Taiwán es un país mayoritariamente budista, de los 23.5 millones de habitantes apenas 28,000 son católicos.
El DPP ganó 68 escaños de los 113 en el Yuan Legislativo, arriba de los 40 que alcanzó hace cuatro años, obteniendo por primera vez la mayoría absoluta. A pesar de lo cual, es impensable que alguien considere que esa mayoría llevará al país a una dictadura. El KMT ganó 35 escaños, abajo de los 64 de la elección anterior.
Como tercera fuerza legislativa, con cinco diputados, figura el Partido Nuevo Poder (PNP), conformado por muchos manifestantes del Movimiento Girasol, opuestos al tratado de comercio con China que firmó el presidente Ma Ying-Jeou (el 40% de las exportaciones de Taiwán van a China, y de allí proceden el 60% de sus importaciones).
En el distrito electoral de la ciudad de Nuevo Taipéi, Huang Kuo-chang, líder del PNP, se impuso como diputado sobre el candidato del KMT, siete veces triunfador de ese distrito. Kuo-chang volverá al Legislativo no como manifestante, sino como diputado.
Entre los orígenes de la derrota del KMT figuran el desgaste en el poder, una economía que apenas creció, la caída de la demanda en el sector tecnológico y la dependencia en una desacelerada economía de China. El tema violencia y delincuencia es inexistente.
El KMT ha llevado a cabo acercamientos con China. El PDP defiende el mantenimiento del status quo, posición que adopta entre el 80% y el 85% de la nación, y no acepta el “Consenso de 1992” (una China, con dos interpretaciones). Alrededor del 60% de la población, especialmente la joven, asume su identidad como completamente taiwanesa.
El portavoz de la oficina de Asuntos de Taiwán del Consejo de Estado chino, Ma Xiaoguang, ha advertido que de no aceptarse ese principio, “las relaciones se verán inevitablemente afectadas y podrían incluso venirse abajo”.
La democracia de Taiwán es 14 años más joven que la de Honduras, uno de los 22 Estados con los que mantiene relaciones diplomáticas. Sin el reconocimiento pleno de la comunidad internacional, es un país que ha construido su democracia en el estrecho de Taiwán.
Graco Pérez
