El papa Francisco recurrió en menos de una semana a expresiones no muy católicas, pero muy gráficas, para expresar su punto de vista, confirmando su voluntad de acercarse a la gente, aunque a veces incomode.
En el avión que lo llevaba el jueves de Sri Lanka a Filipinas, pareció amenazar con darle un puñetazo a cualquiera que hablara mal de su madre.
En el que lo conducía a Roma el lunes, criticó a los católicos que procrean «como conejos», insistiendo en que el mensaje cristianos era el de una «paternidad responsable».
«Si un gran amigo habla mal de mi madre, puede esperarse un puñetazo», declaró mientras explicaba, respecto al atentado contra Charlie Hebdo, que había «límites» para la libertad de expresión.
La fórmula, que acompañó de una sonrisa y de una suerte de puñetazo al aire, provocó algunas risas y bastante asombro entre los periodistas que acompañaban al pontífice en su gira por Asia.
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